Siguen estando las calles sin calle
los rayos del sol ninguneados
por los montículos de hielo sucio
que acaparan los rincones donde antes
se esparcía la luz de la mañana.
El eco de los chiquillos jugando con la nieve
se va distanciando en la memoria como una postal antigua
y a los que no somos niños sólo nos queda
este frío que nos produce siempre
cualquier el atisbo nuevo de vulnerabilidad.
Al fin y al cabo no importa.
Ya ni siquiera importa que nadie venga
a quitarnos la nieve... a devolvernos las calles.
Nosotros mismos las hemos recobrado
como hicimos antaño y otra nieve distinta
venía a arrebatarnos nuestras calles.
La primavera avanza como siempre
a pesar de las nieves y los hielos.
Y su lluvia de luz, conquistará junto a nosotros
las aceras, derrotando a la noche.
Una victoria más en estos tiempos
en que hemos olvidado que seguir vivos
no es más que una pequeña victoria diaria
por muy amarga que haya podido resultar
algunas veces.
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