Desde niña me ha gustado este juego
de caminar a oscuras por la casa...
Al principio me sujetaba a las paredes
luego ponía las manos al frente
para evitar golpearme con los muebles
finalmente lo hacía sin emplear las manos
(yo sola hacia el vacío negro sin defensa ninguna).
Los golpes y los tropiezos
pasaron a ser parte del juego
como los moratones
o la alegre sorpresa
de llegar a un lugar diferente
del esperado…
Además siempre lo hacía
con una extraña intuición
de que alguno de mis hermanos
estaría jugando como yo
a caminar a osucuras por la casa
y acabaríamos chochándonos
y riéndonos juntos.
Pero con el tiempo
mi memoria retenía la forma de la casa
y de todas sus trampas y rincones
y ya no había tropiezos, ni sorpresas…
y poco a poco, "caminar a oscuras por la casa"
se convirtió en un juego
cada vez más difícil de jugar.
Aunque nunca ha dejado de ser
uno de mis juegos favoritos.

