Aquella tarde yo estaba en ese río
yo era agua y era tierra de ese río.
Yo estaba en el fulgor
de las luciérnagas
y en el silencio agazapado
de los peces.
En el frescor rugiente
de sus caminos incesantes,
en el remanso tibio de las ramas,
en las pequeñas piedras blanquecinas.
¿Cómo no recordarlo?
si yo sé que tú me llevaste a ese río
para que yo fuera ese río
como lo eres tú.

Serás siempre ese río aunque un día no lo recuerdes.
ResponderEliminarFluirás siempre en él.
Gracias, Toro. Así es.
ResponderEliminar